Tienes una cara tan jodida.

Ni siquiera me dan ganas de verte.

¿Hace cuánto no te brillan los ojos?

Ya ni siquiera recuerdo cómo eras cuando estabas realmente vivo.

Siempre con la mirada perdida.

Como si estuvieras aquí por obligación y tu cabeza llevara años en otro lugar.

Te escondes detrás de la disciplina porque admitir que tienes miedo sería demasiado para tu orgullo.

Le llamas fuerza de voluntad.

Yo le llamo miedo a detenerte.

Porque mientras sigas ocupado, entrenando, trabajando, peleando, haciendo algo… no tienes que preguntarte qué queda de ti cuando finalmente te quedas quieto.

Tus tatuajes ya no intimidan.

Tu postura de peleador tampoco.

Antes parecías alguien preparado para recibir un golpe.

Ahora pareces alguien que lleva años esperando que llegue.

Siempre estás tenso.

Siempre cansado.

Siempre intentando demostrar algo.

¿Pero a quién?

¿A los demás?

¿A tu familia?