Ni yo la busqué, ni ella me buscó.

Pero en algún punto del camino, cuando ambos intentábamos recoger los pedazos de lo que alguna vez fuimos, nos encontramos.

No llegamos en nuestro mejor momento. Llegamos cansados, con cicatrices que todavía duelen cuando llueve y con preguntas que aún no tienen respuesta.

¿A dónde nos está llevando la vida? No lo sabemos.

Lo único que sabemos es correr. Correr cuando duele, correr cuando pesa, correr cuando la mente se llena de recuerdos que quisieran hacernos volver atrás.

A veces ella va delante de mí. A veces soy yo quien toma la delantera. Hay días en los que nuestros ritmos no coinciden, pero de alguna manera siempre terminamos encontrando el paso del otro.

Porque no se trata de llegar primero. Se trata de seguir avanzando.

Estamos cansados, sí.

Estamos heridos, también.

Pero las cicatrices tienen una extraña forma de recordarnos que sobrevivimos.

Hay kilómetros que parecen eternos, igual que algunas despedidas. Hay subidas que queman las piernas, igual que ciertas lecciones que la vida insiste en enseñarnos. Y también hay momentos en los que falta el aire, como cuando el corazón intenta comprender aquello que nunca tuvo una explicación.

Sin embargo, seguimos adelante.

Paso a paso.

Respiración tras respiración.

Kilómetro tras kilómetro.

Quizá el destino no nos cruzó para enseñarnos a olvidar a quienes perdimos, sino para recordarnos que, incluso después del dolor, el corazón sigue siendo capaz de encontrar compañía en el camino.

Tal vez, dentro de muchos años, no recordemos nuestros tiempos, nuestros ritmos o cuántos kilómetros corrimos. (Espero que no sea así jaja)

Pero sí recordaremos que, cuando ambos estábamos tratando de levantaremos, la vida tuvo la bondad de cruzar nuestros caminos.

Y que por un instante, en medio del cansancio, las cicatrices y las dudas, encontramos a alguien que entendía exactamente lo que significaba seguir corriendo cuando el corazón era quien más necesitaba descanso. Y no solo eso, sino que alguien puede adaptarse así para llegar a la meta.