El negro llegó primero.
Antes que la disciplina, antes que la fuerza, e incluso antes que la ambición, estuvo la oscuridad.
Y hasta el día de hoy, sigue existiendo un poco.
Mirar alrededor y entender que nadie vendría a salvarte.
El negro fue el origen de todo.
Hombres que no peleaban, huían.
No construían, destruían todo a su paso.
Talentos y potencial desperdiciados en placeres sencillos, en vicios baratos y en una cobardía heredada de generación en generación.
De adulto aprendes que la sangre no siempre significa familia.
A veces significa deuda.
Otras veces, condena.
Y entonces aparece el rojo.
No como gloria, sino como herida.
Como una forma de gritar por valor y por fuerza.