Dios, donde sea que estés…

Por favor,

jódete.

No paras de complicarme la vida.

Lo único que haces es darme golpe tras golpe.

¿Y para qué?

¿Para burlarte de mí?

Te odio con toda mi alma, con todo mi ser.

Yo nunca te pedí esto.

Nunca te pedí que mi vida fuera así.

Y, en lugar de darme un descanso, me das más problemas, más trabajo, más cosas que cargar.

Parece que para ti todo esto es un puto chiste.

Pero estoy cansado, ¿sabes?

Estoy cansado de tener que ser fuerte.

Cansado de tener que entender.

Cansado de que cada vez que creo que por fin puedo respirar, aparezca algo más que resolver.

¿Cuándo será mi turno?

¿Cuándo me tocará simplemente vivir?

Vivir sin estar esperando el siguiente golpe.

Sin tener que caerme una y otra vez.